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Lovsis, la marca española de básicos con botones joya: “Crecí enamorada del armario de Rachel Green, pero terminé teniendo un armario mucho más Carrie Bradshaw”

Por María José Pérez - 14 de julio de 2023 - moda

Después de trabajar para firmas como Max Mara o Christian Dior, Myriam González Rodríguez regresó a España para poner en marcha un proyecto tremendamente personal que aúna la practicidad del armario cápsula con la artesanía y la personalización.

Cuando pensamos en un armario cápsula o en básicos, rara vez queda espacio para lo personal, para ese toque que diga algo diferente. Seguro que te ha pasado. A Myriam González Rodríguez, fundadora de Lovsis, desde luego. “Siempre que me he comprado una prenda básica, por mucha calidad que tuviera el material, si venía con los típicos botones de plástico blanco o de imitación de madera, para mí le bajaban la calidad al producto”, explica. ¿Su solución? Recurrir a una romántica caja de botones “de todo tipo y de todas las generaciones de mi familia” y colocarlos en la ropa. “Siempre conseguía que me acabasen preguntando de dónde era mi prenda”, continúa. Y ese es parte del origen de la firma de moda española que ha lanzado en 2023 y que consigue reconciliar la idea de los básicos de calidad con la customización, pero no son los únicos factores que han dado lugar a este proyecto. Esta historia, como cualquier buena narración, tiene un gran componente personal.

Para la alicantina, la moda es algo que forma parte de ella desde que tiene uso de razón y también una conexión con su madre. “Me enseñó a disfrutar y jugar con la moda desde bien pequeña, cuando llevaba prendas que nadie más llevaba y que me alucinaban, a pesar de que se metieran conmigo por llevarlas”, recuerda. Una madre que la apoyaba y que le trasladó el valor de lo bien hecho, de lo atemporal. “Mi madre se compraba dos conjuntos cada temporada y se los ponía hasta la saciedad, y esos unidos a los dos de la temporada anterior era lo que tenía para ponerse”, continúa. La pausa, la reflexión, la práctica de “la paciencia, el ahorro, el valorar y apreciar cada adquisición”; valores que cada vez se practican menos porque “los tiempos han cambiado y hay que adaptarse” pero que no quiere perder de vista bajo ningún concepto. Como a su hermana, la otra mujer que permitió que Lovsis apareciese en la mente de González después de haber estado trabajando para firmas como Max Mara o Christian Dior.

“Ella se fue a vivir a Londres cuando yo me marché y decidí ir a visitarla para su cumpleaños”, rememora. “En lugar de comprarle algo, quise hacerle algo yo, así que le dije cómo tenía que medirse y le cosí una minifalda de vuelo en crepe negro para que tuviese un básico que le fuese con todo”. Pero no se quedó ahí: le añadió unos botones joya y un forro verde. “Cuando se la probó, le quedaba perfecta, no había que tocarle nada y yo tuve una sensación increíble”, explica. “Me fui de allí pensando que eso es lo que quería hacer, vestir a mujeres con mis propios diseños, con básicos de siempre y para siempre”. La tarjeta que encontró en el aeropuerto y que ponía “Love you sis xx” fue el colofón.

Es inevitable imaginarse a las dos hermanas, una probándose la falda y la otra mirando; algunas sonrisas, algunos ojos un poco húmedos. “Mi hermana ha cuidado de mí desde siempre, y eso que yo soy la mayor; siempre me da los mejores consejos, esos que no quieres oír y que nadie más se atreve a darte”, cuenta. “Cree en mí más de lo que yo lo hago y de hecho, ella fue quien hizo el primer pedido en la web. Es el mejor regalo que me ha hecho mi madre, darme a mi mejor amiga”. 

Después de ese primer momento tan emocional, tocó desarrollar la idea que, aunque encaje en la narrativa actual tan bien como esa última pieza de un puzzle, viene de una necesidad puramente personal. “Crecí enamorada del armario de básicos de Rachel Green pero acabé teniendo un armario mucho más Carrie Bradshaw, ya que me dejaba llevar por colores, brillos, formas estrafalarias… y luego me pasaba como a la mayoría de las mujeres que conozco: abría mi armario y decía ‘no tengo nada que ponerme’”. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. 

Lo que González terminaba haciendo era tirar de las piezas atemporales del armario de su madre, “algunas de 20 y 30 años”. Así fue como empezó a construir el “fondo de armario de calidad” para “nunca más tener que repetir esa frase” y, posteriormente, ofrecérselo al mundo. Pero no de cualquier manera, claro: la producción es absolutamente nacional y el proceso muy artesanal, a pesar de las dificultades que conlleva esa elección.

“Es mucho más costoso monetaria y psicológicamente”, explica. “En no pocas ocasiones me he planteado tirar la toalla; es un pensamiento recurrente cuando ves que te vas a pique por no renunciar a unos ideales, pero una de las razones por las que empecé esta aventura era cambiar un panorama que parecía desolador, no solo a nivel medioambiental, sino a nivel cultural”, continúa. “Tenemos en España grandísimos artesanos y se están perdiendo los oficios; las empresas se llevan la producción fuera de España y siempre me pregunto cómo hemos llegado a este punto, es decir, ¿se la llevan fuera porque no quedan talleres aquí o no quedan talleres porque se la han ido llevando fuera? El problema es serio; si el panorama no cambia, de aquí a unos años no quedarán en España costureras, joyeros, artesanos del calzado… El otro día le pregunté al joyero que hace nuestros botones si tenía pensamiento de cerrar o jubilarse en un futuro cercano; vamos con pies de plomo constantemente porque no sabemos qué esperar a corto plazo. No se contratan aprendices y no se enseña a los miembros de la familia porque no se ve futuro en el sector”. 

La solución al problema del sector en el que se inserta Lovsis es compleja “y compete a otros organismos”, pero para Myriam González, tiene mucho que ver con canales de distribución y, por supuesto, “invertir en formación”. “Como empresas, hemos de entender que el oficio de la costura es un trabajo especializado que hay que valorar y pagar, porque se ha precarizado”, cuenta. “Lo veo yo misma cuando voy a coser con las señoras que me enseñan; cuando la gente va a preguntar por un arreglo, que muchas veces no saben que es prácticamente hacer una prenda nueva, les parece caro”. Sin embargo, cuando tocas algunas de las camisas con corbatines o de los vestidos y las faldas de crepe, la percepción es otra: hasta las costuras interiores son impecables y podrías llevar cualquier prenda de Lovsis del revés. Le pasó incluso a una de sus amigas: “Cuando compró las primeras prendas y habiendo vivido de primera mano el esfuerzo que hay en ellas, me dijo que le parecía hasta muy barato”. 

Sostiene que la competencia de precios con las firmas de fast fashion “no existe directamente, ya que es imposible competir con ellas”. ¿Lo bueno? Que en Lovsis tienen muy claro que están jugando en otro tipo de mercado, uno “nicho para consumidores que valoran el hecho a mano, las empresas pequeñas y la artesanía local”. Algo que no pierden de vista a futuro, ya que a González le encantaría “realizar un porcentaje de la producción en casa, pudiendo formar en confección a nuevas generaciones y generando trabajo a nivel local”. 

No cree que desde dentro haya que envidiar nada de fuera, aunque concede que a nivel internacional hay un entorno “más proactivo y menos reactivo para poder desarrollarse fiscal y laboralmente en cuanto a talleres y proveedores”. Eso sí: en cuanto a “pasión por lo que hacemos”, nos los llevamos de calle. Incluso cuando parece que nos hacemos pequeños y que viene a visitarnos esa vieja conocida: el Síndrome de la Impostora.

“Esto es algo bastante habitual en moda, al igual que en otros trabajos creativos y de emprendimiento”, cuenta. “Me saboteo y minimizo los resultados de lo que hago pensando que quizá no es tan bueno, que no me lo merezco o puede que no esté todavía preparada para todo esto; que en algún momento me quedaré sin ideas… Pero siempre me recompongo y me digo que si estoy aquí es por algo, que es lo que siempre he querido hacer y lo que siempre se me dio bien, y eso tiene que reflejarse de alguna manera”, confiesa. Y lo hace. Vaya si lo hace.

Está presente en el tesón que le pone la selección de tejidos, que siempre son “respetuosos con el medioambiente” pero que contemplan otras variables, como “bajo qué condiciones está hecho, cómo sienta, qué tal es el lavado y cómo de resistente es el tejido”. Está presente en el mimo de esos botones joyas intercambiables, que te permiten cambiar la prenda según el look que quieras llevar ese día. Está en el entusiasmo por seguir aprendiendo; en la tenacidad con la que Myriam se levanta después de los tropiezos, que siempre le suceden “en el momento menos oportuno”. Y está en cómo ha aprendido a “aceptar” su naturaleza: “Es algo que quise incluir en la marca con el lema Grow your own beautiful imperfections, porque creo en sacarle partido a todo aquello que te hace diferente, aunque a priori no te parezca una bendición”.